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martes, 8 de marzo de 2011

LA IMPORTANCIA DEL AMOR EN LA FAMILIA Y EL SABERLO MANEJAR

Carlos Mora Vanegas
El amor: es un misterio que nadie sabrá definir nunca, precisamente como ocurre en el misterio de Dios. Osho
Todos cuando aparecemos en esta dimensión en este planeta Tierra  lo hacemos con una carga energética  a la  que llamamos amor, que se manifiesta de acuerdo a como se estimulan los sentimientos y emociones, y  poder determinar su alcance, de acuerdo a como lo sabemos compartir.
Sin duda alguna, debemos determinar lo que el amor representa, como cultivarlo, saberlo compartir, a fin de saber usar óptimamente su potencial, mientras permanecemos, actuamos en esta dimensión, nos interrelacionamos, y sobre todo,  cuando hemos decidido formar una familia.
Nos recuerda Wikipedia, que en  español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico y hasta la profunda unidad o devoción del amor religioso. En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado de la mente o del alma, identificada en algunas religiones con Dios mismo y con la fuerza que mantiene unido el universo
Se dice además , que las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles.  Lo cierto, que el amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (música, cine, literatura).
Muy interesante lo que nos aporta  Wikipedia en su análisis sobre el tema, que desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción
La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo una concepción altruista, basada en la compasión y la colaboración, y bajo otra egoísta, basada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y el mundo espiritual. Ambos son, según la ciencia actual, expresiones de procesos cerebrales que la evolución proporcionó al ser humano; la idea del alma, o de algo parecido al alma, probablemente apareció hace entre un millón y varios cientos de miles de años.
A menudo, sucede que individuos, grupos humanos o empresas disfrazan su comportamiento egoísta de altruismo; es lo que conocemos como hipocresía, y encontramos numerosos ejemplos de dicho comportamiento en la publicidad. Recíprocamente, también puede ocurrir que, en un ambiente egoísta, un comportamiento altruista se disfrace de egoísmo.
Por otra parte, se comenta sobre el amor , que se considere, que el ejemplo más palpable de amor, es el que se vive día a día en el corazón de la vida familiar; más concretamente, en el amor conyugal. Dado que, gran parte de la formación de la persona y de sus valores y virtudes son aprendidos en la familia, la importancia del amor de los cónyuges es pieza fundamental para el desarrollo de sus hijos.
El amor conyugal nos revela un amor no antes sentido, un cariño recíproco entre el hombre y la mujer que despierta hasta las sensaciones más diminutas y pasivas del ser humano.
El amor conyugal nos revela un amor no antes sentido, un cariño recíproco entre el hombre y la mujer que despierta hasta las sensaciones más diminutas y pasivas del ser humano.
Se nos recuerda  además, que el amor en la familia, es esencial en la vida de todo hombre; es la base de todas las relaciones sociales que tiene este , y por consiguiente, es el principio de todos los amores de la persona. Es la cuna de un sinfín de vínculos espirituales y afectivos que tiene el ser querido para con los suyos. Muy difícilmente puede amar alguien si no encuentra en su familia un amor legítimo que le permita donarse a los otros o encontrar en su parentela un sustento amoroso que le permita desenvolverse en la sociedad. Es por lo mismo, que el cónyuge necesita dar y darse para tener una relación fecunda que se perfeccionará como tal y llegará a su cúspide con la procreación de hijos. Si no hay familia  se indica , no habrá manera en que la persona se desarrolle plenamente o bien: “Si no nos relacionamos, no existimos  como persona, no nos constituimos  como ser humano cabal”.  En este mismo sentido,  por tanto se puede afirmar, que: “La familia es el vehículo privilegiado para la transmisión de aquellos valores sociales y culturales que ayudan a la persona a adquirir la propia identidad. Fundada en el amor y abierta al don de la vida, la familia lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”.
Y es por tanto, en la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, necesario considerarla como la semilla primera y natural de la sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética. De aquí se desprende la necesidad del estado de proteger a la familia: no solo es la célula primera y vital de la sociedad”, es además el centro interactivo de las relaciones humanas en la cual, el hombre conoce al mundo y se hace valer en él; aprende a relacionarse, obedecer, amar, reír, llorar y desenvolverse en su medio ambiente natural.
Se nos  recuerda  tambien, que el valor de vivir en familia es pieza clave en la vida espiritual del hombre. Ya que del amor familiar nacen los valores de la persona humana, sólo en virtud de la vivencia de estos valores entre los miembros familiares se verá la calidad de vida que lleva la persona. Esto, “lo podrá conseguir la familia, en primer lugar, mediante el recíproco amor de los cónyuges, llamados a una unión de vida total y plena por el significado natural del matrimonio; lo podrá conseguir, además, mediante el adecuado cumplimiento de la tarea educativa, que obliga a los padres a formar a los hijos en el respeto de la dignidad de cada persona y en los valores de la paz. Tales valores, más que ‘enseñados’, han de ser testimoniados en un ambiente familiar en el que se viva aquel amor oblativo que es capaz de acoger al otro en su diversidad, sintiendo como propias las necesidades y exigencias, y haciéndolo partícipe de los propios bienes.
Para cada nuevo miembro que llega a la familia habrá, sin duda alguna, afecto: amor natural porque existen lazos de sangre que nos unen a esa persona; pero, por ser la familia una comunidad, habrá que perfeccionar ese amor con la amistad y dirigir nuestra voluntad para amar de manera electiva a quien de forma natural tendemos a amar.
 En definitiva, debemos dejar que el amor se manifiesta con la intensidad que le corresponde en la familia, compartirlo, disfrutar a esta, mantenerse unidos y aprovechar óptimamente el tiempo que permanecemos en ella.

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